Microcuento de microcréditos de Navidad

Se acercaba la Navidad y nuestro protagonista, Generoso García, adoraba estas fechas. La ilusión de los niños por los regalos, las comidas con amigos y familia… Generoso no decía que no a nada. ¡Al contrario! “Son fechas para disfrutar». Compras por internet, jugueterías, supermercado. “¡Que no falte de nada!”. Generoso ganaba un buen sueldo y trabajaba todo el año, así que pensaba que merecía que él y los suyos disfrutasen en estos días especiales.

Su madre, sin duda de otra época, le recordaba la moderación en el gasto en casa, gracias a lo cual ella y su difunto marido pudieron sacar adelante a la familia, y veía con preocupación cómo Generoso compraba muchos y muy caros regalos para todos, y llenaba la mesa de todos los productos de la temporada navideña. Preguntaba si podía permitirse todo aquel gasto: “tranquila mamá, que yo controlo mi economía”.

A la noche Generoso repasaba los avisos de la aplicación bancaria en el móvil, los movimientos de su cuenta. Observaba cómo, después de todas las compras, el saldo era casi cero, y eso, que parte las había pagado con la tarjeta de crédito, que no se la cargarían hasta el mes siguiente. Además, consiguió dinero de tres microcréditos en internet. Sin preguntas, sin documentos, preconcedidos. Fácil, sencillo, rápido, cómodo. Había que comprar la consola, el teléfono móvil nuevo del mayor, los pendientes que le hacían ilusión a mi mujer… y se metió en la cama engañándose con la idea de que había hecho bien gastando todo ese dinero, pero una semilla de preocupación (¿Cómo pagaré?) se quedó dentro y le costó dormirse.

El reloj de la plaza daba la una cuando de repente una visión “familiar” y agradable se le apareció. Era su padre, tal y como lo recordaba de niño. Se llamaba Modesto y había fallecido hacía unos años. Sonriéndole como antaño, le pidió que le acompañara a ver algo. Cruzaron la puerta y, de repente, Generoso se vio a sí mismo, unos días antes, corriendo de una tienda a otra, pagando con la tarjeta de crédito aquí y allá, compra, pago, compra, pago, compra, pago. La visión del maletero lleno de regalos y cosas ricas para los suyos le hizo sonreír… hasta que se vio a sí mismo delante del ordenador, contratando con compañías de las que había visto publicidad en internet y en la televisión, varios créditos rápidos para poder pagar todo lo comprado, y la sonrisa desapareció.

La figura del pasado, su padre, desapareció también, y una figura del presente, su gestor del banco, apareció en escena. La conversación era tensa, y le exigía que buscase alguna solución para poder pagar las cantidades que habían llevado a la cuenta al estar en “números rojos”. De vuelta a casa, todo el mundo estaba contento, ilusionado con la Navidad, los regalos y celebraciones. Pero Generoso no estaba para fiestas. Acababa de abrir el buzón y contenía tres requerimientos de pago de los despachos de recobro de las entidades prestamistas que, con la misma celeridad que le concedieron los créditos, ahora exigían su pago, con los intereses abusivos de sus contratos y la amenaza de llevar al juzgado a Generoso.

La creciente preocupación de nuestro protagonista no le permitió darse cuenta de que el gestor bancario había desaparecido. Ahora estaba viendo el futuro, y quien le acompañaba en la imagen era su abogado. Éste le estaba diciendo que tendría que haber hablado con él antes de contratar este tipo de productos y así podría haberle advertido de que, en muchos casos, son préstamos usurarios, y siempre, muy caros y difíciles de devolver. Al mostrarle una demanda y explicarle los pasos a seguir, en cierto modo Generoso se calmaba al pensar que, al menos, ahora estaba correctamente asesorado, pero de vuelta a casa se preguntaba, teniendo en cuenta las consecuencias de no haber podido pagar los créditos que a lo largo de los años se habían acumulado e impagado, cómo iba a comprar, en esa Navidad futura, los regalos de sus hijos y lo necesario para organizar para la familia la comida de Navidad como hacía todos los años…

Al llegar a casa el ambiente no era alegre, no había sonrisas ni ilusión, solo caras largas y tensión. La esposa de Generoso le preguntaba que le había dicho el abogado y la preocupación estaba grabada en su cara. Los niños observaban y callaban… se daban cuenta de todo.

Generoso no podía soportar esa visión del futuro más, estaba desesperado, angustiado por las deudas y la situación de la economía familiar… y en ese momento se despertó para darse cuenta de que todo había sido una pesadilla.

En realidad, quedaba unos días para Navidad y lo vivido esa noche le hizo darse cuenta de que debía adaptar sus compras a su verdadera capacidad económica, y moderar el gasto para adaptarse a sus ingresos y disponibilidad… y antes de pulsar el botón de confirmar en la página web de microcréditos, cerró el ordenador sin contratarlos y sonrió a una vieja foto en blanco y negro de Modesto, su padre, con él en brazos.

La última llamada antes de iniciar sus vacaciones de Navidad fue para su abogado, un verdadero experto en estos temas, el cual le confirmó las verdaderas características de esos microcréditos que todo el mundo está contratando para las compras navideñas y cuáles eran las consecuencias de su impago sobre las economías de miles de familias, y cómo contando con un buen asesoramiento se podrían haber evitado situaciones realmente complicadas.

“Bueno, te dejo que mis hijos quieren que vaya a ayudarles con la decoración del árbol”. “¡Sí, yo también me voy del despacho que la Navidad es para todos, y los abogados no somos una excepción! ¡Feliz Navidad Generoso!”.

“Feliz Navidad, Víctor, pasada, presente y futura” respondió Generoso a su abogado.

 

Autor: Antonio Acosta García

 

Comparte