La posición de España en la vista del TJUE referente al IRPH: un dejà vu

La posición de España en la vista del TJUE referente al IRPH: un dejà vu

El pasado día 25 de febrero se celebró la vista en el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) en la que el objeto de debate fue la nulidad del llamado IRPH, el índice hipotecario que las entidades colocaban a sus clientes como alternativa al Euríbor. Todo ello después de que en 2017 el Tribunal Supremo diera por bueno el uso de este polémico referencial, y un juzgado de Barcelona planteara una cuestión prejudicial al TJUE el que le pide que valore si la comercialización de hipotecas en las que se incluía el referido índice se hizo con la suficiente trasparencia.

Nada de esto es cuestión pequeña ya que, según distintos informes, la banca se juega devolver a millones de clientes más de 4.400 millones de Euros.

Quizá por todo ello, tal y como ocurrió con la cuestión de la retroactividad de las cláusulas suelo, la posición oficial del Estado español ha sido, y lo decimos alto y claro, favorable a la banca y contraria a la ciudadanía.

Vaya por delante la absoluta neutralidad política de estas líneas (acabamos de decir que durante el mandato del anterior Gobierno, la posición de la Abogacía del Estado español fue similar, si no idéntica, en el tema de las cláusulas suelo, es decir, favorable a la banca), pero no podemos resistirnos a resaltar que, tras la lamentable imagen que dio nuestro alto Tribunal el pasado mes de noviembre en una serie de sentencias referidas al Impuesto de Actos Jurídicos Documentados en los préstamos hipotecarios (IAJD) que parecían coreografiadas por Georgie Dann (un paso adelante a favor de los usuarios, para después dar dos pasito atrás), el Presidente del Gobierno compareció ante los medios anunciando la aprobación con urgencia de un Real Decreto para que, a partir de ahora, claro, fuera el banco y no el cliente el que pagara el mencionado Impuesto, para favorecer a la ciudadanía, sin hacer especial hincapié, claro, en los millones ahorrados a la banca al no tener que devolverse los importes ya abonados por los clientes por este concepto.

En esa tónica, tras la defensa ejercida en la vista celebrada en el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, la representante del Reino de España, tras defender las bondades del IRPH,  terminó su alocución solicitando, sorprendentemente, del Tribunal, que si finalmente se declaraba la nulidad del índice, no se aplicara retroactividad alguna a los efectos de dicha nulidad. Y decimos sorprendentemente por cuanto el TJUE ya se ha pronunció sobre los efectos de la nulidad y su retroactividad, en el sentido de reafirmar que declarada la nulidad de una cláusula, los efectos de la nulidad se retrotraen a su origen. Pero quizá no nos debiéramos sorprender tanto. Como ya hemos dicho, en aquella ocasión, con un Gobierno de un signo político absolutamente distinto al actual, mantuvo la misma postura, es decir, favorecer a la banca para que no se tuvieran que devolver cantidades indebidamente cobradas a los usuarios, y todo ello, utilizando el mismo argumento, es decir, graves trastornos económicos. Unos trastornos que, como se encargó de recordar el propio Tribunal, el Reino de España no ha podido acreditar. Y es lógico. El Tribunal ya sabe que esos mismos y gravísimos desórdenes económicos fueron los que se auguraron si se devolvían todas las cantidades de las cláusulas suelos a los clientes, y, que sepamos, aquí seguimos sin que haya llegado el apocalipsis económico que se profetizaba. Y es que -¿saben?- el que los ciudadanos cuenten con más dinero en su bolsillo implica una mayor capacidad de ahorro y gasto en la sociedad, en síntesis, supone que el dinero se mueva, algo que, dicen algunos expertos (léase en modo sarcástico) es bueno, y no malo, para la Economía.

En junio se sabrá la posición del Abogado del TJUE, por lo que, muy probablemente, antes de final de año, conozcamos el desenlace de esta nueva aventura en la lucha por los derechos de los usuarios de servicios financieros.  En Red Abafiseguiremos expectantes ese final con la esperanza de que, una vez más, en Europa brille la justicia por encima del metal.

Por: Rafael López Montes