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Hipoteca multidivisa: ¿debo más de lo que pedí?

El otro día, me encontré por la calle a mi amigo Roberto. Después de los chascarrillos futboleros del último partido de nuestro equipo me dice: “Oye, tú te dedicas a demandar a los bancos, ¿por qué todo el mundo me dice que paga muy poco de hipoteca y yo no?”.

Allí, en mitad de la calle, estando como estamos siempre los abogados “de guardia”, le hablé de varias cuestiones que podrían explicar lo que le ocurría, pero que lo mejor era que pasase por el despacho y revisar su documentación para estar totalmente seguros.

Al día siguiente, pude apreciar que lo que había contratado era una hipoteca “multidivisa”, y no sólo no pude tranquilizar a mi amigo respecto de lo que pagaba todos los meses, sino que tuve que hacerle una advertencia, y era que posiblemente, de las cantidades que había abonado no se hubiera amortizado tanto de su préstamo como si la hipoteca no tuviera esa cláusula “multidivisa”.

¿Qué debo más de lo que pedí?” fue la frase que le salió del “alma” a Rober, y yo le expliqué que no era exactamente así pero que, desde luego, debía mucho más por culpa de la divisa, el yen japonés, con el que se estaba pagando la hipoteca.

“Yo no tengo ni idea de yenes ni he comprado nunca divisas, ¿de qué me estás hablando?”. La conversación no terminaba de tranquilizar a mi amigo, y aprovechando que hoy día todos llevamos nuestro banco en el móvil accedimos al cuadro de amortización histórico de la hipoteca, lo que ya había abonado, y pudimos comprobar que después de cinco años pagando religiosamente todos los meses su recibo, debía prácticamente la misma cantidad que se le concedió en su día.

“Entonces ¿he tirado mi dinero por la alcantarilla todos estos años?” decía subiendo su nivel de enfado por la situación. Le aclaré que en este producto uno de los elementos esenciales, más allá de que los tipos de interés suban o bajen, como en todas las hipotecas a tipo variable, había que tener en cuenta lo que cuesta “comprar” la divisa necesaria para realizar el pago, y ese coste puede depender de miles de factores, y si no se lo habían advertido cuando firmó.

“¡A mí nadie me dijo nada de divisas ni yenes! ¡Si yo de eso no sé! A mí solo me dijeron que era una hipoteca muy buena con la que pagaría menos”. Mi amigo es un auténtico especialista en motores, y trabaja en el taller de una prestigiosa marca alemana de vehículos, pero de contratos bancarios sabe lo que cualquier ciudadano, prácticamente nada.

“¿Y ahora qué hago?” añade ya con algo menos de tensión, pero la misma preocupación. Comencé entonces una larga explicación ya que se trata de una cuestión que se encuentra ya resuelta en múltiples resoluciones judiciales, y le comenté que tanto el Tribunal Superior de Justicia de la Unión Europea (TJUE) en su día, como nuestro Tribunal Supremo (y juzgados y audiencias provinciales, claro), habían dejado claro que la cláusula “multidivisa” que se encontraba en su hipoteca era nula por falta de transparencia y que, por ello, los juzgados habían obligado a las entidades de crédito a dejar de aplicar esas cláusulas y a cambiar esas divisas por el euro, lo cual llevó a que los afectados en esos procedimientos judiciales recuperasen su dinero.

“¿Pero cuánto he pagado yo de más?”. La verdad es que no podía darle en ese mismo momento una respuesta más que orientativa porque en estos asuntos pedimos a un perito economista que nos haga los cálculos para tener claro el daño que se ha causado, pero las cifras son tan importantes que a Rober se le pusieron los ojos como platos.

“¡Ya está! Eso es lo que vamos a hacer. ¡Vamos a demandar! ¿Cómo lo hacemos?”. De repente la cara de mi amigo cambió, con algo de alivio. Las escrituras, el cuadro de amortización con las mensualidades de la hipoteca abonadas y poco más y podemos poner en marcha el tema. Le dejé claro, como hacemos con todos nuestros clientes, que no hay garantía en el resultado, pero que teníamos fundamentos jurídicos para discutir en el juzgado lo que estaba ocurriendo.

“Hombre! Yo confío en ti”, me dice con un gesto de saber que esta vez sí, y no como le ocurrió con su banco, deposita la confianza en alguien que no va a engañarle a cambio de lograr otro objetivo comercial o la comisión por vender otra hipoteca.

Antes de presentar la demanda daremos la oportunidad al banco de que no tengamos que discutir este tema en el juzgado y que podamos solucionarlo ahora y sin una sentencia de por medio, pero teniendo claro que en esta ocasión hay un abogado experto en materia bancaria supervisando la posible oferta de acuerdo y que, de este modo, el desconocimiento en la materia que tienen los consumidores como mi amigo Rober no termine volviendo a perjudicarle con la firma de acuerdos que, por desgracia, son nuevamente un abuso de aquel que domina la materia, los bancos, frente al que la ignora.

Otro comentario sobre nuestro jugador de fútbol preferido y alguna crítica al entrenador, después nos despedimos hasta que me traiga la documentación. “Me quedo más tranquilo” me dice, “hasta dónde haya que llegar Antonio…”. Así se hará.

Por: Antonio Acosta García