Daño moral

Los valores morales se pierden sepultados por los económicos

Los valores morales se pierden sepultados por los económicos

Esta frase, pronunciada por el importante filósofo español del siglo XX José Luis López Aranguren, nunca fue tan real como en el caso de la incorrecta actuación de las entidades bancarias.

Recientemente, una de las pocas sentencias que analiza única y exclusivamente el daño moral sufrido por un cliente bancario como consecuencia de la mala actuación de una entidad se ha dictado en Valladolid, concretamente es la sentencia de fecha 3 de julio de este año del juzgado de primera instancia 7, bajo la dirección letrada de la abogada que firma este artículo.

La sentencia, breve pero contundente, concede una indemnización de 3000 euros a un cliente por el “simple” hecho de haber estado sometido a tensión y desasosiego fruto de la actuación negligente de la entidad bancaria, tal y como quedó acreditado en el procedimiento judicial.

Es una de las pocas sentencias, decimos, ya que no es habitual que una persona que está siendo “maltratada” moral o psicológicamente por su entidad bancaria se atreva a presentar una demanda, primero, por el estado de ánimo lógico de desasosiego en el que se encuentra y la consiguiente creencia de que “David nunca vencerá a Goliat” y, segundo, por la dificultad de probar y por lo tanto acreditar documentalmente o de otra manera tal situación de tensión y desasosiego, circunstancias que revisten un importante carácter subjetivo.

Con esta sentencia se pone de manifiesto que con un buen asesoramiento legal no sólo se puede, sino que se debe, poner de manifiesto todos aquellos abusos que muchas veces pasan inadvertidos, y que suponen una inmensa cantidad, más de lo que cualquiera imaginaría, de problemas anímicos, ansiedad y, en los casos más graves, en personas especialmente vulnerables, incluso depresión o enfermedades físicas.

Por: Arantxa Jaén Pedrero